Y es que el Dr. Urban acumula una larga experiencia en el empleo de membranas, seleccionándolas según el material y el defecto a corregir. Según explica, “en los defectos más pequeños podemos colocar un implante y realizar un aumento óseo; pero también tenemos defectos más grandes, como son los defectos de la cresta, que categorizamos como horizontal o vertical. Para un defecto horizontal, utilizamos frecuentemente una membrana de colágeno, que son de diferentes tipos”.
La membrana nativa, que no ha sido modificada, es mejor aceptada por el organismo
Básicamente, este experto distingue dos clases de membrana de colágeno: una es una membrana de colágeno nativo de origen animal, que se esteriliza y se usa; la otra se extrae de un animal, se la somete a un proceso químico para modificarla (“cross-linking”) y esta reticulación hace que la membrana sea reabsorbible durante un tiempo más largo.
Sin embargo, entre las dos membranas, hay un diferente comportamiento de los tejidos blandos. “La membrana nativa, que no ha sido modificada, es mejor aceptada por el organismo; por el contrario, aquella sometida a un proceso de modificación química se asocia con mayor riesgo de rechazo. La membrana nativa se puede vascularizar, y los vasos sanguíneos penetran la membrana nativa”, detalla Istvan Urban, quien matiza que se puede aceptar que “cuanto más largo el tiempo de resorción es mejor, pero es más importante que una membrana sea más biocompatible”.
Y que hay otro tipo de defecto, que es el defecto vertical. Para estos casos, según este experto, “necesitas algo más estable, que muchas veces es una membrana sintética, como una membrana de teflón, que contiene una malla de titanio”.