Entre los diferentes procedimientos de aumento óseo para abordar una cresta atrófica, resulta de interés el uso de agentes biológicos en combinación con materiales de injerto, tratando de crear un injerto óseo biológicamente activo y eliminando la necesidad de obtener hueso autólogo. Un caso clínico publicado en “Periodoncia Clínica” nº19 revela la utilidad de la técnica del bloque de fibrina rica en leucocitos y plaquetas (bloque de L-PRF) para procedimientos de aumento óseo. La Dra. Ana Castro, primera firmante de este artículo (que tiene como coautores a Simone Cortellini, Nelson Pinto y Marc Quirynen), nos resume las principales aportaciones que se desprenden de este caso.
Junto a otros expertos del Departamento de Periodoncia y Microbiología Oral del University Hospitals Leuven (Bélgica), nos muestran en el último número publicado de “Periodoncia Clínica” una experiencia clínica de especial trascendencia. ¿Cuáles eran los principales objetivos que queríais alcanzar en este caso?
En nuestro caso clínico abordamos un defecto palatino complejo en la zona estética del maxilar superior. Para ello, optamos por el uso del bloque de L-PRF, al tratarse de un defecto de difícil acceso donde el colgajo palatino daba suficiente estabilidad como para utilizar membranas de L-PRF como protección del bloque. Además, la regeneración se realizó al mismo tiempo que la extracción del diente fracturado, por lo que el alveolo se pudo sellar con las membranas de L-PRF sin necesidad de liberar el periostio en vestibular, evitando así el desplazamiento de la línea mucogingival y, en consecuencia, los cambios asociados en los tejidos blandos.
¿Cómo valora los resultados obtenidos con esta técnica?
El bloque de L-PRF puede ser una opción válida en el caso de regeneraciones óseas horizontales extensas, evitando el uso de hueso autógeno y reduciendo así la morbilidad del paciente. El uso de membranas de L-PRF como protección del bloque no se aconseja de manera rutinaria, ya que no existe hasta este momento evidencia científica de su capacidad como barrera; sin embargo, su uso puede ser de gran ayuda cuando el cierre por primera intención se ve comprometido, gracias a su capacidad para acelerar la cicatrización de los tejidos blandos.
Tal y como concluimos en el caso clínico publicado, la aplicación de concentrados de plaquetas para formar el bloque de L-PRF parece ser una alternativa prometedora al injerto compuesto (hueso autógeno particulado con material de sustitución ósea particulado) y a los bloques de hueso autólogo en el tratamiento de defectos horizontales bien contenidos.
¿Qué beneficios concretos cree que aporta el uso de la técnica del bloque de L-PRF?
El mayor beneficio que aporta el bloque de L-PRF es evitar crear una zona donante para la recolección del hueso autógeno, y así reducir la morbilidad el paciente. Además, podemos encontrar en la literatura científica evidencia de que los injertos en forma de bloque mantienen de manera más estable el volumen en comparación con un injerto particulado; el hecho de que tenga consistencia de bloque hace que el volumen se mantenga y se evita el posible colapso de la membrana y de los tejidos blandos. Por otro lado, y debido a su fácil manejo y a la posibilidad de adaptar la forma del bloque al defecto (evitando las partículas sueltas), resulta muy cómodo para el clínico.
¿En qué situaciones clínicas puede resultar de especial utilidad?
El bloque se puede utilizar en defectos con diferentes morfologías. Sin embargo, en casos donde la cantidad de hueso autógeno sea limitado o donde el defecto sea de gran tamaño, el bloque de L-PRF puede ser de gran utilidad.
En general, ¿es optimista respecto a las posibilidades que ofrecen los injertos óseos biológicamente activos? ¿dónde advierte las principales limitaciones?
Sí, soy optimista. Los injertos óseos biológicamente activos podrían ofrecer numerosas ventajas frente a los injertos tradicionales, sin la presencia de factores de crecimiento. El hecho de que el mismo injerto pueda estimular la zona a regenerar lo podría asemejar al hueso autógeno.
Sin embargo, la evidencia existente avalada por estudios clínicos randomizados es aún limitada. Sobre todo, falta todavía conocimiento a nivel molecular y celular de hasta qué punto podemos estimular el organismo de forma exógena. Para mi, ahí esta el límite: ¿a más estimulo, más reacción? ¿o existe un punto en el se llega a la saturación? Esperemos que en los próximos años podamos dar respuesta a estas preguntas.
En cualquier caso, ¿considera que los nuevos abordajes en regeneración ósea responden a las actuales exigencias y demandas de los pacientes odontológicos?
La Odontología en general, y la Periodoncia en particular, ha evolucionado mucho en los últimos años, a medida que lo hacía también la demanda por parte de los pacientes. Hoy en día vemos cada vez más casos complejos, en los que el clínico se ve muchas veces limitado por la extensión y morfología del defecto óseo, la cantidad de hueso autógeno disponible y por la condición de los tejidos blandos. Por eso, considero muy interesante el tema que expone este número de la revista “Periodoncia Clínica”, ya que ayuda a divulgar nuevas técnicas en regeneración ósea que pueden facilitar el abordaje clínico de este tipo de casos.